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Seré una bruma inmersa en la respiración de tu mente
Aquel paso que temiste siempre al vuelo
El dedo pulgar marcándote los trechos
Y un alma hecha burbujas.
Sobresales entre polvos y ojos crudos
Bajo una sombra verde acechante de los perros y la sed
Con la mano vacía de videntes
Cartas que llegan siempre con la misma señal
Pudimos ser enormes entre velas un instante /-
Quisimos que el banquito se pudriera de humedad
Y todo espuma me entra en la ventana
En la mano ante la negativa lámpara
En el pecho que salta de lugar buscándote las cuevas.
Amarilla será siempre esta vejez
Desfilas yerbas imposible madrugadas
En mi estómago como una alcohólica saliva
Y blanca siempre blanca
O tal vez roja bajo el techo
Campana colonial corroída por años que no llegan.
Aquí estás
Húmeda en medio de la arena gigante
Hechicera y tuerta como una calavera
Escondida en el viaje de mi cuerpo
Y no apareces
Amaneces como la costumbre
Fundes esta lanza con el frío
Como un gladiador montado al horizonte
Como un arma blanca en la luz
Impides la caída del agua
El agua que tizna la razón flotante parecida a lo veloz
Porque Dios, vírgenes y ángeles confunden
Blasfeman cual geométricos arreglos
Y no blasfeman
Y es la causa
Paraván revertido que vuelve a ser la moda
Y no sabe de un índice trunco
Pero vivo allí donde es azul la puerta
Donde la escalera es un ala bordeando la luz
En el punto que revientan las sienes por la lluvia del humo
Y amanece.
Entonces dónde está ese ágora caliente
Si es que el mío está vencido
Hacia que día encontraré una laja lista y friccionarla
Fénix siempre como el alma
Como este sacrilegio bendito de mi nido
Como el grito celestial entumeciéndome los versos.
Así te has ido cuando pisas esta calle
Y mi cara es desnuda como un árbol
Buscaré la nave de una rueda
Un timón aferrado a este raíl
Los sombreros invisibles a tu mundo
Y la diestra que manche la pared
Mi pared llena de huecos
Cavernas tan gigantes donde anidan las cabezas
Pero este humo que despiden como aliento
Imperceptible al vidrio descanso tras tu hombro
Viaja asciende esponjoso en tu mirada /-
Es la talla enorme de tus pies y la montaña
Está viendo que no bebes la guitarra
Que te esfumas plenamente húmeda
Y le duele
Le duele como un muro débil a tu tacto
Fuerte luz
Ciégale entonces la palabra
Castígale las plumas al papel que lo quemó
Incinéralo a hurtadillas como a un muerto
Cantarán lo que no hizo
Te acusarán de no matarlo
Porque ya no estuvo.
(De “En espera del siglo”, 1994. Poema Premio Luisa Pérez de Zambrana,
Patrocinio del Ministerio de Cultura de Cuba, 1991)
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